EMDR PARA NIÑOS

Los problemas que a veces presentan algunos niños como ansiedad, insomnio, ingesta compulsiva de alimentos, bajo rendimiento en la escuela, conducta agresiva se manifiesta de manera recurrente. Los padres pueden pensar que es una etapa que su hijo o hija está atravesando y que conforme madure esos problemas desaparecerán. Son muy pocas las ocasiones en las que esos problemas desaparecen espontáneamente. Cuando una conducta problema o una emoción desajustada se instala, por así decirlo, en el sistema nervioso puede ser necesario buscar ayuda profesional.

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Una amplia variedad de experiencias difíciles pueden estar ocasionando el malestar en un niño. Tendemos a pensar que una experiencia difícil es traumática si es aparatosa, repentina, escandalosa y claramente perjudicial. Tendemos a pensar en guerras, catástrofes naturales, terribles episodios de malos tratos cuando calificamos una experiencia como traumática, pero lo cierto es que cualquier experiencia difícil puede resultar en un trauma si el procesamiento de la información relativa a la misma sufre algún fallo, si el estado emocional en el momento de la ocurrencia está debilitado, si los adultos no se dan cuenta de que un acontecimiento aparentemente normal (tener un hermanito, estar enfermo, la muerte de una mascota, por nombrar algunos ejemplos) está causando gran sufrimiento en el pequeño o pequeña.

Lo anterior es cierto en el caso de los adultos, pero más aún en el caso de los niños. Experiencias muy corrientes: tener piojos y que se sepa en el colegio, ser criticado en público, muerte de un abuelo, oír un relato en el que a alguien le sucede algo horrible, ver una imagen impactante en una película, una caída sin importancia aparente, una simple intervención quirúrgica, una emergencia en casa, y cientos de experiencias más) pueden desencadenar sintomatología persistente y profunda en niños de corta edad (Joan Lovett).