¿Es coherente tu corazón?

Muchas veces sentimos las emociones en el centro del pecho. Parece como si el corazón pudiera sentir por sí mismo, pero, ¿no era el cerebro el que lo controlaba todo?

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Desde hace 25 años, el HeartMath Institute ha investigado la relación entre corazón y cerebro, y sus investigaciones verifican nuestras intuiciones: el corazón tiene una especie de cerebro propio, al que los investigadores llaman el cerebro del corazón, compuesto por neuronas que rodean al propio corazón, y está suficientemente formado como para aprender, recordar, tomar decisiones o incluso sentir de manera independiente de la mente.

Se ha observado además que el corazón envía más información al cerebro que a la inversa. Esta información enviada desde las neuronas del corazón determina factores psicológicos como los niveles de atención, la motivación, la sensibilidad perceptiva y el procesamiento emocional, y la calidad de esta información viene determinada por la estabilidad del ritmo cardíaco. Cuando la estabilidad o la variabilidad del ritmo cardíaco es coherente, la información enviada al cerebro desde es corazón hace que los procesos emocionales y mentales o cognitivos se regulen. La coherencia cardíaca se traduce en un equilibrio entre las fases de aceleración y desaceleración cardíaca, de forma que ambos procesos estén equilibrados. Debido a que los procesos de aceleración cardíaca activan el sistema nervioso simpático y que la desaceleración activa el parasimpático, un estado de coherencia cardíaca representaría la activación a partes iguales de estas dos partes del sistema nervioso autónomo. Es decir, representa el equilibrio emocional, la regulación.

A partir de estos resultados, el HeartMath Institute ha desarrollado técnicas que mejoran la coherencia cardíaca y así poder utilizarla para mejorar la salud mental y física. Se han creado dispositivos de biofeedback que nos pueden informar al instante sobre nuestros niveles de coherencia cardíaca, de manera que podamos entrenar para aumentarla. A través de ejercicios como la atención en el corazón, la respiración coherente o las emociones de gratitud y afecto se puede entrenar la coherencia cardíaca, de manera que la puedas utilizar cuando lo necesites.

En Limbic Salud puedes aprender a regular tu coherencia cardíaca tanto para acompañar tu procesos terapéuticos como de manera aislada. Con la práctica continuada y con la ayuda de los dispositivos de biofeedback, podrás entrar en coherencia durante momentos de estrés, antes de dormir o simplemente para mantener el sistema inmunitario y tu salud general en buena forma.

Agradecemos a Beatriz Ripoll Martínez, psicóloga que realiza en Limbic Salud las prácticas del Máster de Terapias de Tercera Generación de la VIU (Valencian International University).


¿Cómo se estructura la memoria traumática?

En nuestro cerebro los recuerdos no están guardados en archivos únicos con una localización exacta. Muy al contrario, los recuerdos se guardan en forma de conexiones neuronales esparcidas por todo el cerebro. Cuando recordamos algo, se activan todas estas conexiones asociadas a este evento en particular.

Los recuerdos se estructuran en diferentes tipos de memoria según su naturaleza

Los recuerdos se estructuran en diferentes tipos de memoria según su naturaleza

La psicología clasifica los recuerdos según su naturaleza y el contenido de los mismos en distintos tipos de memoria. Si alguien te preguntara ahora mismo por el día de tu graduación, lo más normal es que recuerdes la fecha exacta y lo que sucedió ese día (recuerdo de tipo autobiográfico). Si te preguntaran sobre los continentes que existen en nuestro planeta, podrías responder tras una pequeña reflexión, pero es probable que no recuerdes el día que aprendiste esta información (recuerdo de conocimiento sobre el mundo). Sin embargo, si te pidieran que explicaras, paso a paso, cómo conduces tu coche (ejecución de tarea), te sería difícil explicarlo con palabras.

Con estos tres ejemplos, podemos comprobar que la memoria trabaja de diferente manera según la naturaleza de la información almacenada. Los dos primeros ejemplos (recuerdo autobiográfico y de conocimiento del mundo) forman parte de la memoria explícita, donde se almacenan recuerdos de los que somos conscientes y que podemos expresar de forma verbal. El último, el de la conducción, es un ejemplo de memoria implícita, la cual resulta difícil de expresar de forma verbal porque es un recuerdo de tipo inconsciente. Es en la memoria implícita donde, además de guardarse la información sobre la ejecución de tareas, se almacenan los recuerdos traumáticos.

Aunque un momento traumático puede contener recuerdos conscientes, la mayoría de los recuerdos asociados al trauma son inconscientes o implícitos y para acceder a ellos necesitamos algo más que un esfuerzo mental. Si los recuerdos traumáticos son de naturaleza implícita o inconsciente, es importante desarrollar terapias psicológicas coherentes con este tipo de memorias para así poder trabajar estos recuerdos a nivel terapéutico. Por ejemplo, para ayudar a traer un recuerdo traumático e inconsciente a la memoria consciente se pueden utilizar recuerdos inconscientes asociadas al trauma, como una sensación o una emoción específica.

La terapia EMDR nos puede ayudar a sanar los recuerdos traumáticos de forma efectiva, ya que a través de esta terapia accedemos de forma segura a la memoria implícita o inconsciente y la traemos a la consciencia. Esta terapia puede utilizar la memoria sensorial o emocional inconsciente asociadas al trauma para acceder al recuerdo traumático. Cuando conectamos con el recuerdo traumático, podemos reprocesar la información contenida de forma verbal, tanto lo sucedido durante el trauma como las emociones que se generaron. Así, la memoria traumática pasa de ser implícita o inconsciente a ser un recuerdo consciente, siendo este el primer paso para impedir que los traumas del pasado sigan dirigiendo nuestra vida emocional y mental sin que podamos hacer nada para evitarlo.

Agradecemos a Beatriz Ripoll Martínez, psicóloga que realiza en Limbic Salud las prácticas del Máster de Terapias de Tercera Generación de la VIU (Valencian International University).


El apego y la regulación emocional

¿Por qué son tan importantes los cuidados de calidad en la niñez?

Desde la más tierna infancia, nuestra vida está rodeada de relaciones sociales: en la familia, la escuela, los amigos, la pareja, el trabajo... Cada una de esas relaciones es única, y la disfrutamos más o menos en función de distintos factores. Las principales teorías constructivistas sociales en psicología consideran que cada persona construye una particular visión del mundo, y que esta visión que adopta depende, en gran medida, de cómo se han establecido esas relaciones desde la infancia.

El apego y la regulación emocional

El apego y la regulación emocional

La relación más importante es sin lugar a dudas la que establecemos con nuestro cuidador primario (madre, padre o cuidador principal) porque será nuestra principal fuente de regulación emocional. Por ejemplo, la regulación emocional de un bebé por parte de un cuidador primario se produce cuando éste atiende el llanto del infante. El llanto es la única forma que tiene el bebé de pedir cariño, atención o cualquier otra necesidad, y debe ser cubierto con conductas de calma, de consuelo o de validación. En estos casos, el tono, la prosodia y el contacto físico son muy importantes para que esta regulación se lleve a cabo, puesto que el bebé tiene los sentidos y los mecanismos de comunicación muy limitados, y está predispuesto biológicamente a atender a estímulos sociales a través del oído y el tacto. Al responder al llanto con comprensión y validación, el bebé crecerá aprendiendo a autorregularse de la misma forma que su cuidador primario lo ha hecho durante su crecimiento Por lo tanto, un llanto no debe ser obviado, sino escuchado y comprendido, ya que estamos actuando como ejemplos para que los mecanismos de regulación emocional puedan funcionar correctamente en un futuro.

La base neuronal que explica la importancia de la regulación emocional durante la infancia está en el nervio vago. Entre otras funciones, el nervio vago se encarga de regular el sistema nervioso autónomo (el simpático y el parasimpático). Según la Teoría Polivagal de Porges, en el momento del nacimiento el nervio vago todavía necesita afinarse, por lo que la regulación del sistema nervioso autónomo no es efectiva. Por ello, los recién nacidos, al tener el nervio vago por desarrollar, tienen reacciones exageradas (debido a que el nervio vago no ha podido regular el sistema nervioso) para conectar con el ambiente y reclamar atención (conductas de llanto), o podemos bajar a una activación muy baja (activación excesiva del sistema nervioso parasimpático), en los que la interacción con el mundo que nos rodea es más bien pobre. Es decir, las reacciones son un poco extremas debido a que la parte del nervio vago que se encarga de la afinación de estas dos ramas del sistema nervioso autónomo, aún necesita desarrollarse. Debido a esto, una de las funciones importantes del cuidador primario es la de actuar como regulador del sistema nervioso mientras el nervio vago del recién nacido está en desarrollo. Así, este desarrollo estará influenciado por las cualidades de esa díada cuidador-bebé a través de las conductas de regulación emocional que comentábamos anteriormente.

Gracias a la investigación y desarrollo de teorías como la Teoría Polivagal, podemos empezar a comprender lo importantes que son los cuidados de atención y calidez en la infancia durante las reacciones emocionales infantiles. El cuidador principal funciona como mecanismo modelo para que el bebé crezca aprendiendo conductas de regulación que pueda autoaplicarse en el futuro, por lo que no debemos privarles de esas demostraciones de regulación emocional.


Agradecemos a Beatriz Ripoll Martínez, psicóloga que realiza en Limbic Salud las prácticas del Máster de Terapias de Tercera Generación de la UIV (Universidad Internacional de Valencia).