EL CUIDADOR INFORMAL: UN CUIDADOR DES-CUIDADO

EL CUIDADOR INFORMAL: UN CUIDADOR DES-CUIDADO

Cuando alguien asume el cuidado de un familiar dependiente se enfrenta a un importante reto. En la mayoría de casos los llamados cuidadores informales no son profesionales de la atención sociosanitaria, sino familiares o personas cercanas que se hacen cargo de esa situación. Eso implica que la dedicación de esa persona, probablemente, no siempre conlleva el componente vocacional tan estrechamente ligado a las profesiones de ayuda; eso, a su vez, puede llevar a dicha persona a ser más vulnerable al agotamiento, la ansiedad, la depresión, el aislamiento, y los sentimientos de culpa, entre otros problemas. Como consecuencia de la convivencia entre el cuidador y la persona dependiente, habitualmente todos los ámbitos de la vida del cuidador se pueden ver afectados.

En el ámbito laboral, es muy común que los cuidadores informales no puedan dedicar mucho tiempo a su labor profesional o incluso que se vean obligados a abandonar puestos de trabajo o declinar ofertas de empleo. En la actualidad el trabajo ha tomado un cariz diferente cubriendo no sólo necesidades de primer orden (económicas y de seguridad) sino también necesidades de orden superior (autorrealización, éxito, relaciones sociales). Éste aspecto puede llevar al cuidador a sentir frustración e incluso a potenciar conductas de aislamiento.

El cuidador informal puede sufrir importantes síntomas psicológicos

El cuidador informal puede sufrir importantes síntomas psicológicos

En el ámbito personal el hecho de que los cuidadores convivan con la persona dependiente supone, por un lado, una pérdida casi total de intimidad, compartiendo cada momento cotidiano de pareja o del núcleo familiar, lo que hace que, en muchas ocasiones, el cuidador tenga que mediar entre las partes cuando se produce algún conflicto. Esto sucede cuando cuidador principal carga con la totalidad de la responsabilidad, y no obtiene ayuda de otros miembros de la familia. Por otro lado, la convivencia con la persona dependiente supone que el cuidador no puede desconectar en ningún momento de la tarea, convive, por así decirlo, con su trabajo.  Este hecho puede causar ansiedad y depresión, entre otros síntomass, en el cuidador y por supuesto agotamiento físico y psicológico.

Finalmente, el otro ámbito fundamental que se ve afectado en la vida del cuidador informal es el ámbito social. En este sentido los cuidadores informales no sólo disponen de poco tiempo libre, sino que varios factores pueden influir en que el tiempo libre del que puedan disponer no lo dediquen a relaciones sociales: el agotamiento llega casi a eliminar el deseo de salir con amistades o familiares, además se pueden generar sentimientos de culpa al pensar que no está cumpliendo con su obligación de cuidar y, también, puede sentir culpa por cargar a otra persona con su obligación de cuidar al dependiente. Ambos sentimientos de culpa surgen cuando el cuidador informal tiende a pensar que el cuidado de la persona dependiente es una responsabilidad solo suya. 

Lo dicho anteriormente no es ajeno al legado educacional y cultural que transmite ciertas creencias erróneas que no hacen sino entorpecer el proceso de cuidado de la persona dependiente en manos de un cuidador no profesional. Pensamientos como "nadie va a cuidar a mi familiar mejor que yo", "yo puedo llevar el peso de los cuidados de mi familiar sola", "si hago otra cosa que no sea cuidar a mi familiar soy egoísta" y otros ejemplos ponen de relieve las dificultades que un cuidador no profesional puede atravesar en el camino de la ayuda al dependiente.

Si en la vida llega el momento de tener que cuidar a una persona dependiente, es bueno "desaprender" esas creencias erróneas que nos perjudican. La compañía de un psicólogo puede ser importante en este proceso de revisión de las creencias que limitan el bienestar. Así, es importante tener presente que:

-          Hay más personas, además de un familiar directo, que pueden ocuparse de manera eficaz, cariñosa y competente del cuidado de una persona dependiente.

-          Generalmente “todo” resulta ser demasiado, y cargarnos con la totalidad de las obligaciones del cuidado de la persona dependiente, no es la mejor opción para conseguir un buen trabajo. Delegar y pedir ayuda pueden resultar opciones mucho más saludables y beneficiosas tanto para el cuidador como para el dependiente.

-          Dedicar tiempo a nosotros mismos, a nuestra familia, nuestra pareja o nuestros amigos no nos convierte en malas personas ni en personas egoístas, sino en PERSONAS; las personas necesitan evadirse, divertirse, descansar y relacionarse.

-          Dedicar tiempo de calidad al dependiente: no se trata de dedicar las 24 horas al cuidado de la persona dependiente, se trata de compartir momentos que aportan algo a la existencia de ambos (cuidador y dependiente). Si dedicamos todos nuestros minutos, horas, días, semanas al cuidado de la persona dependiente acabaremos por eliminar el tiempo de calidad compartido porque nos encontraremos sin motivaciones para compartir nada. La cantidad de tiempo puede ser irrelevante, incluso perjudicial, si la calidad es baja.

Desaprender es difícil pero podemos contar con profesionales que nos guíen, que nos faciliten estrategias de afrontamiento, de autocuidado, de motivación, de autoconocimiento. Es importante tener en cuenta que sin estas estrategias no podemos dar el mejor cuidado al dependiente. Como en la primera regla de oro de primeros auxilios, primero asegurarse de que uno está a salvo, así que empecemos a cuidarnos nosotros para poder cuidar a los demás. 

Este post ha sido redactado por Lorena López Rico, docente de certificados de profesionalidad de atención sociosanitaria y psicóloga en prácticas en Límbic Salud (Master en psicología general sanitaria de la Universidad Internacional de Valencia).