La identidad y los trastornos psicológicos.

La identidad es como un sello único e intransferible. Este sello se forma a partir de las experiencias vividas y del significado que le damos a las mismas. Así, el recuerdo de cada vivencia y su significado conforman cada uno de los ladrillos que construyen la pared de nuestra identidad.

Identidad y psicología

Identidad y psicología

Sin embargo, investigaciones recientes han revelado que los recuerdos que guardamos para crear nuestra identidad no siempre son fidedignos. La realidad es que la mayor parte del tiempo modificamos estos recuerdos para que se ajusten a nuestro sentido del yo, y así evitar posibles conflictos internos. Por ejemplo, seguro que alguna vez te has enfadado con alguien y recuerdas perfectamente lo que te dijo y lo mucho que te gritó, pero si pudieras ver un vídeo de la conversación real, probablemente verías que tu recuerdo y lo que pasó en realidad no coinciden. Quizás fueras tú quien más gritó, pero, ese hecho, si no encajara con la idea que tienes de ti misma/o es probable que no lo recordaras de ese modo.

Según el Dr. Schacter, profesor de la facultad de Psicología de la Universidad de Harvard y autor del libro “Los siete pecados de la memoria”, es normal que nuestros recuerdos se distorsionen para que nuestro sentido de la identidad no se vea comprometido. Sin embargo, algunos de estos “pecados” pueden perjudicarnos más de lo debido si no los corregimos a tiempo. Es el caso de uno de los siete pecados mencionados por el Dr. Schacter, el conocido como el pecado de la atribución errónea. Este error de atribución hace que nos consideremos responsables o culpables de un suceso aunque en realidad no lo seamos. Es probable que, en el recuerdo, tú parezcas el culpable y que sientas de verdad que tuviste la culpa de lo sucedido, aunque ésa no sea la realidad.

En el origen de algunos trastornos psicológicos como la depresión se encuentran estos errores de culpa o atribuciones erróneas, ya que si te sientes excesivamente culpable por algo que no has hecho o que no es tu responsabilidad, acabas limitando tu vida y no disfrutando de ella. Por eso es importante que, una vez detectada la atribución errónea, ésta se corrija. Trabajando de manera terapéutica los recuerdos, se puede corregir la distorsión, y así generar una identidad coherente y más aproximada a la realidad que ayude a potenciar nuestra salud mental.

¿Cómo se estructura la memoria traumática?

En nuestro cerebro los recuerdos no están guardados en archivos únicos con una localización exacta. Muy al contrario, los recuerdos se guardan en forma de conexiones neuronales esparcidas por todo el cerebro. Cuando recordamos algo, se activan todas estas conexiones asociadas a este evento en particular.

Los recuerdos se estructuran en diferentes tipos de memoria según su naturaleza

Los recuerdos se estructuran en diferentes tipos de memoria según su naturaleza

La psicología clasifica los recuerdos según su naturaleza y el contenido de los mismos en distintos tipos de memoria. Si alguien te preguntara ahora mismo por el día de tu graduación, lo más normal es que recuerdes la fecha exacta y lo que sucedió ese día (recuerdo de tipo autobiográfico). Si te preguntaran sobre los continentes que existen en nuestro planeta, podrías responder tras una pequeña reflexión, pero es probable que no recuerdes el día que aprendiste esta información (recuerdo de conocimiento sobre el mundo). Sin embargo, si te pidieran que explicaras, paso a paso, cómo conduces tu coche (ejecución de tarea), te sería difícil explicarlo con palabras.

Con estos tres ejemplos, podemos comprobar que la memoria trabaja de diferente manera según la naturaleza de la información almacenada. Los dos primeros ejemplos (recuerdo autobiográfico y de conocimiento del mundo) forman parte de la memoria explícita, donde se almacenan recuerdos de los que somos conscientes y que podemos expresar de forma verbal. El último, el de la conducción, es un ejemplo de memoria implícita, la cual resulta difícil de expresar de forma verbal porque es un recuerdo de tipo inconsciente. Es en la memoria implícita donde, además de guardarse la información sobre la ejecución de tareas, se almacenan los recuerdos traumáticos.

Aunque un momento traumático puede contener recuerdos conscientes, la mayoría de los recuerdos asociados al trauma son inconscientes o implícitos y para acceder a ellos necesitamos algo más que un esfuerzo mental. Si los recuerdos traumáticos son de naturaleza implícita o inconsciente, es importante desarrollar terapias psicológicas coherentes con este tipo de memorias para así poder trabajar estos recuerdos a nivel terapéutico. Por ejemplo, para ayudar a traer un recuerdo traumático e inconsciente a la memoria consciente se pueden utilizar recuerdos inconscientes asociadas al trauma, como una sensación o una emoción específica.

La terapia EMDR nos puede ayudar a sanar los recuerdos traumáticos de forma efectiva, ya que a través de esta terapia accedemos de forma segura a la memoria implícita o inconsciente y la traemos a la consciencia. Esta terapia puede utilizar la memoria sensorial o emocional inconsciente asociadas al trauma para acceder al recuerdo traumático. Cuando conectamos con el recuerdo traumático, podemos reprocesar la información contenida de forma verbal, tanto lo sucedido durante el trauma como las emociones que se generaron. Así, la memoria traumática pasa de ser implícita o inconsciente a ser un recuerdo consciente, siendo este el primer paso para impedir que los traumas del pasado sigan dirigiendo nuestra vida emocional y mental sin que podamos hacer nada para evitarlo.

Agradecemos a Beatriz Ripoll Martínez, psicóloga que realiza en Limbic Salud las prácticas del Máster de Terapias de Tercera Generación de la VIU (Valencian International University).