El apego y la regulación emocional

¿Por qué son tan importantes los cuidados de calidad en la niñez?

Desde la más tierna infancia, nuestra vida está rodeada de relaciones interpersonales. En la familia,  la escuela, los amigos, la pareja, el trabajo. Cada una de esas relaciones es única, y la disfrutamos más o menos en función de diversas variables. Las principales teorías constructivistas sociales en psicología consideran que cada uno construye una visión del mundo de forma particular, y que esta visión depende, en gran medida, de la dirección que han tomado esas relaciones desde la infancia.

El apego y la regulación emocional

El apego y la regulación emocional

La relación más principal es sin lugar a dudas la que establecemos con nuestro cuidador primario (madre, padre, cuidador principal) porque será nuestra fuente de regulación emocional inicial más importante, ya que, tras el nacimiento, nuestra forma de contacto con el mundo está limitada y depende totalmente de quien está al cargo de ese ser recién nacido. El tacto, el oído y el gusto son los mecanismos principales que nos permiten crear una conexión social con el ambiente, ya que a duras penas podemos enfocar y todavía somos incapacesde hablar. Por ejemplo, el llanto es una llamada de cariño, de atención, de necesidad, que debe ser cubierta con conductas de calma, de consuelo, de validación, sabiendo que el tono y el tacto van a ser formas de comunicación que el bebé va a comprender. De esta manera, al responder a sus conductas emocionales con comprensión, el bebé irá aprendiendo a regular sus emociones. Así, un llanto no debe ser obviado, sino escuchado y comprendido, ya que estamos actuando como modelos para que el desarrollo de una  regulación emocional propia en el bebé pueda funcionar correctamente en un futuro.

La base psiconeurológica del aprendizaje de la regulación emocional, y de su funcionamiento a los largo de la vida depende del nervio vago. Entre otras funciones, el nervio vago se encarga de regular la activación del sistema nervioso autónomo. Según la Teoría Polivagal de Porges, cuando nacemos, este nervio vago todavía necesita afinar su función, por lo que esta regulación del sistema nervioso autónomo no es efectiva. En consecuencia, tenemos reacciones generadas por una activación elevada del sistema nervioso simpático para conectar con el ambiente y reclamar atención (conductas de llanto), o podemos bajar a una activación muy baja (activación del sistema nervioso parasimpático), en los que la interacción con el mundo que nos rodea es más bien pobre. Es decir, las reacciones son un poco extremas debido a que la parte del nervio vago que se encarga de la afinación de estas dos ramas del sistema nervioso autónomo, aún necesita desarrollarse y aún no está afinado. Debido a esto, una de las funciones importantes del cuidador primario es ayudar a este regulador del sistema nervioso a desarrollarse correctamente (desarrollo influenciado por las cualidades de esa díada cuidador-bebé) a través de las conductas de regulación que comentábamos anteriormente.

Otra de las funciones del nervio vago es la de enervar los músculos faciales, muy importantes para llevar a cabo la conducta social. Durante el primer año de vida, el contacto visual de la díada es básico para el desarrollo social debido a la información que presta la expresión facial del cuidador primario. De hecho las investigaciones han mostrado cómo la visión de una cara completa genera una sonrisa en el rostro de un bebé de 2-3 meses, que se borra si la cara se pone de perfil y ya no puede contemplar la visión total de la cara. Es decir, estamos evolutivamente predispuestos a prestar atención a los rostros. Esta función evolutiva es muy adaptativa ya que las expresiones faciales del cuidador primario condicionarám el desarrollo de las funciones sociales y el reconocimiento de las expresiones emocionales del rostro. Si aprendemos a reconocer las expresiones emocionales del rostro durante las interacciones sociales, esto facilitará el desarrollo de la regulación emocional propia.

Gracias a la investigación y el desarrollo de estas teorías, podemos empezar a comprender lo importantes que resultan los cuidados de atención y calidez frente a las reacciones emocionales infantiles. El cuidador principal funciona como mecanismo modelo para que el bebé crezca aprendiendo conductas de afecto que pueda aplicarse a él mismo, por lo que no debemos privarles de esas demostraciones de regulación emocional.

Agradecemos a Beatriz Ripoll Martínez, psicóloga que realiza en Limbic Salud las prácticas del Máster de Terapias de Tercera Generación de la UIV (Universidad Internacional de Valencia).