Trastorno por atracón y EMDR

El trastorno por atracón es uno de los llamados trastornos de conducta alimentaria.  El trastorno por atracón (Binge Eating Desorder) se caracteriza por la ingesta de grandes cantidades de comida durante un período corto de tiempo y por una sensación de pérdida de control por parte del sujeto. Además la comida ingerida durante el atracón suele ser de alto contenido calórico. La presencia de dicho trastorno entre la población de los países desarrollados ha alcanzado proporciones alarmantes. Este tipo de trastornos tiende a la cronicidad y tiene implicaciones físicas, sociales y psicológicas.

Como en cualquier conducta compulsiva hay factores en la vida del sujeto que lo ha precipitado o provocado, conducta que después se mantiene a merced de disparadores presentes. En el trastorno por atracón esos disparadores suelen no ser obvios, aunque estén presentes a diario: problemas en las relaciones, también estados de ánimo disfóricos (desagradables), la presencia de comidas atractivas, así como el aislamiento, o el hambre intenso debido a una restricción alimentaria. Además hay factores ocultos, que pueden estar alimentando el problema. En el fondo, el trastorno por atracón, como la mayoría de los trastornos de la conducta alimentaria, es un conjunto de síntomas en la manera de comer que responde a problemas menos obvios. Es decir, son la parte visible de problemas emocionales más profundos o no detectados (problemas en el apego, pérdidas, tensiones familiares, por nombrar algunos ejemplos).

El trastorno por atracón se caracteriza por la ingesta de grandes cantidades de comida durante un período corto de tiempo.

El trastorno por atracón se caracteriza por la ingesta de grandes cantidades de comida durante un período corto de tiempo.

Una persona que come compulsivamente (no significa comer deprisa, sino que hablamos aquí de lo antes descrito) siente un alivio temporal y, en el fondo, falso. Sobrevienen después sentimientos de culpa, vergüenza, temor a ganar peso, depresión y sensación de incomodidad física. De hecho, si este patrón se vuelve crónico, puede interferir drásticamente con las actividades diarias. En el trastorno por atracón  no se dan conductas compensatorias (vomitar, uso de laxantes, exceso de ejercicio), como sí ocurre en la bulimia nerviosa.  Esa es una de las diferencias con ésta. 

La alimentación normal ocurre dentro de los límites fisiológicos de hambre y saciedad. Cuando existe una patología alimentaria, las personas regulan su alimentación por motivaciones psicológicas. Podemos hablar así de hambre fisiológica y hambre emocional. Aprender a distinguir una de la otra (a través de ejercitar la conexión con el cuerpo, por ejemplo) es un primer paso. 

Aunque, como hemos apuntado, el origen de los trastornos alimentarios es multicausal, parece claro que las personas que lo padecen tienen dificultades con el manejo y la regulación de las emociones. También se sabe que las experiencias difíciles durante la infancia y la adolescencia son un factor común en el desarrollo de la mayoría de los trastornos de la conducta alimentaria. Es también el caso del trastorno por atracón. Las personas con este trastorno suelen sentir una profunda tristeza escondida o enmascadara bajo un tono vital aparentemente jovial y alegre. Otras emociones "no permitidas en público" están alimentando la necesidad de desconectar de las emociones dolorosas a través del atracón. 

Es en este contexto donde cobra importancia el modelo de procesamiento de la información en el que se basan nuestras terapias (EMDR y Sensoriomotriz). Las experiencias traumáticas no han sido procesadas de manera adaptativa y desencadenan en el momento presente la sintomatología que la persona trata de manejar. En el caso del trastorno por atracón, a través de la comida, a modo de anestesia ante el dolor emocional. 

La ingesta compulsiva es un problema que se sufre en silencio y cuya solución, nunca es una dieta restrictiva, sino el aprendizaje de nuevas formas de comer, de relacionarse con uno mismo, con los demás y con el mundo, algo que se consigue a través de la terapia. La curación de un trastorno por atracón requiere de un abordaje terapéutico que va mucho más allá de la simple dieta. Eso lo saben, al menos en su fuero interno, todas las personas que lo padecen o lo han padecido. 

Para la redacción de este post hemos contado con la ayuda de Elena Marín Altozano, alumna en prácticas en Límbic Salud, del Master de Psicología General Sanitaria de la Universidad Internacional de Valencia.

Tratamiento con EMDR en pacientes oncológicos

El diagnóstico de un cáncer suele ser una experiencia traumática, de manera que a la enfermedad diagnosticada se unen otros efectos que comprometen la salud de esa persona. EMDR puede contribuir a la calidad de vida del enfermo oncológico trabajando sobre los síntomas asociados a esa nueva condición. 

La psicoterapia EMDR se basa en la capacidad natural del ser humano para procesar adecuadamente la información relacionada con recuerdos o hechos desagradables. Sin embargo, muchas veces los acontecimientos desagradables del pasado suelen afectarnos psicológicamente en el presente y por tanto con más posibilidades de influir en el futuro. En EMDR se plantea que esas experiencias traumáticas han quedado mal almacenadas, no procesadas o defectuosamente procesadas en forma de recuerdo o experiencia traumáticos. Los recuerdos traumáticos pueden producir y mantener varios tipos de problemas psicológicos y físicos: ansiedad, fobias, pánico, depresión, rabia, conducta agresiva o pasiva, problemas de sueño, dolor, y otros.  

A través de la estimulación bilateral que se realiza con EMDR (siglas en inglés de Reprocesamiento y Desensibilización a través de Movimientos Oculares), se reprocesa la información mal almacenada, desensibilizando a la persona del malestar que produce esa información. Naturalmente, no se trata de eliminar el recuerdo, sino la perturbación que produce en el presente, repercutiendo así positivamente en el futuro. 

Cáncer y EMDR. Tratamiento con EMDR en pacientes oncológicos

Cáncer y EMDR. Tratamiento con EMDR en pacientes oncológicos

Un terapeuta debidamente formado en EMDR puede acompañar a la persona para eliminar o rebajar significativamente la ansiedad y la tristeza asociadas, los pensamientos intrusivos y la irritabilidad. Todo ello en todos los estadios de la enfermedad (diagnóstico; tratamiento; curación; recaída). 

A parte de los tratamientos necesarios que la medicina puede ofrecer, el mantenimiento y la recuperación de la salud emocional es de capital importancia en cualquier proceso oncológico, para la curación, pero también para contribuir a la prevención de recaídas. Es sabido que una buena salud emocional es la mejor compañía para un sistema inmunitario fuerte y sano. Por eso, es importante que las personas que padezcan (o hayan padecido) un cáncer revisen su estado emocional y -después de la fase aguda, de los tratamientos más agresivos-, se anime a revisar y tratar todo aquello que pueda entorpecer una recuperación más completa: sentimiento de culpa, sucesos previos al cáncer muy estresantes, traumas pasados, preocupación por los familiares, rabia, y secuelas físicas, entre otros problemas. 

Además con EMDR y otras intervenciones terapéuticas se pueden aprender recursos y eficaces herramientas para manejar las situaciones difíciles, como la preocupaciuón y la ansiedad por las revisiones periódicas (síndrome de Damocles). 

Source: www.limbicsalud.es

Embarazo y EMDR

Desde hace años y en todos los estudios recientes, ha quedado demostrado que el estado emocional de la mujer durante el embarazo tiene consecuencias directas sobre el feto. A continuación puedes leer un resumen del artículo de nuestra colega, Cristina Soriano , experta en psicología perinatal.

Durante el embarazo, el bebé está involucrado en las reacciones emocionales maternas, pues le llegan a través de las hormonas relacionadas con el estrés y con la tranquilidad, creando en el bebé estados fisiológicos correspondientes con los estados emocionales de la madre. Si estos estados se repiten con cierta frecuencia, pueden crearse conexiones neuronales que predispondrán a determinados estados emocionales y, con el tiempo, a determinadas tendencias en el carácter. 

Como ocurre con muchas intervenciones terapéuticas durante el embarazo, la utilización de EMDR durante el mismo ha generado cierta controversia. ¿Es prudente practicar EMDR en un caso de embarazo? ¿EMDR puedes ayudar a tener un mejor embarazo? ¿Ante un problema emocional con el embarazo es EMDR una terapia indicada para superar ese problema? Diversos especialistas de este abordaje terapéutico se han pronunciado al respecto según lo que a continuación os contamos, con la idea de despejar cualquier duda que como futuras madres/padres podáis albergar. EMDR es un abordaje psicoterapéutico para el tratamiento de las dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles. Durante el embarazo una mujer puede encontrarse con una situación problemática que afecte su estado emocional de manera significativa,  propiciando un estado de ansiedad que resulte perjudicial para la madre y para el feto/bebé; y una intervención psicológica, dirigida a reducir el estrés que provoca esta situación, puede ser de gran ayuda.

Embarazo y EMDR.

Embarazo y EMDR.

En el libro Guía de Protocolos estándar de EMDR para terapeutas, supervisores y consultores (Andrew M. Leeds, 2011) se aborda la cuestión de la seguridad de EMDR en mujeres embarazadas. El autor nos dice que, hasta la fecha, no existen artículos publicados que indiquen que este abordaje terapéutico sea peligroso, pero que en algún estudio aislado algunas mujeres informaron de sufrir embarazo inestable tras sesiones de EMDR, habiendo requerido reposo e intervención médica. Aunque estos artículos no pueden considerarse pruebas científicas de la existencia de riesgo, tampoco pueden obviarse, apuntando a la conveniencia de obtener un consentimiento informado que indique que el riesgo para el embarazo puede ser bajo, aunque no nulo. En la práctica clínica muchos terapeutas EMDR nos encontramos con mujeres embarazadas que acuden a consulta sin información clara sobre la ayuda que EMDR puede brindar, y la falta de conclusiones de carácter absoluto solo nos deja, tras la recogida de datos necesaria,  apelar al juicio clínico para tomar decisiones.

Como os contábamos, existen escasas publicaciones sobre este tema. Amy Robbins en su artículo “Supervisión de casos: mujer embarazada con trauma”, nos presenta la opinión de tres especialistas en EMDR  en un caso complicado en el que una mujer embarazada busca tratamiento por un trauma sufrido durante un tornado. Según explica la autora, una mujer acude a su consulta embarazada de 7 meses, derivada por su terapeuta anterior, demandando EMDR. Unos meses antes de la consulta la casa de esta mujer es arrasada por un tornado, mientras ella y su familia están dentro, ocultos en el aseo. Todos ellos resultaron heridos. Desde entonces, entre otros síntomas, está obsesionada con el clima, tiene pesadillas, cuando hace mal tiempo sufre ataques de pánico, revisa el estado meteorológico varias veces al día. La autora nos cuenta, en el artículo, que tras informar a la paciente de los pros y los contras de utilizar esta técnica durante el embarazo, la señora respondió: “No estoy preocupada, lo que le estoy haciendo a mi bebé (estrés extremo) es mucho peor de lo que pueda hacer EMDR”.

En este artículo Carol Forgash nos aclara que “el embarazo está definido como un estado normal de salud para la mayoría de las mujeres: el de llevar un embrión desde la concepción hasta el parto. Aunque hasta el último cuarto del siglo XX se ha patologizado con frecuencia por los profesionales médicos, el embarazo no es una enfermedad” (Carol Forgash, 2013), añadiendo que como psicoterapeuta se siente cómoda considerando el uso de EMDR con mujeres embarazadas, sin embargo refiere haber observado que a muchos terapeutas en la comunidad EMDR les preocupa, lo que atribuye a dificultades del terapeuta con su propio estado mental. “Si el terapeuta está dispuesto a ver el embarazo como una situación normal, es más fácil ejercer un buen juicio clínico” (Carol Forgash, 2013). Opina que las condiciones para poder intervenir con EMDR serían que las circunstancias del embarazo fueran normales, que la paciente goce de buena salud, que el embarazo esté estable, y que el obstetra acredite el tratamiento con EMDR. Si se reúnen estos requisitos, la decisión de la mujer para tratar su trauma con EMDR sería recomendable, pues realmente los efectos negativos del TEPT son peligrosos para el desarrollo normal del embarazo y mucho después. 

En segundo lugar, Andrew Leeds, da respuesta a este caso aludiendo en primer lugar a las indicaciones ya mencionadas en este texto. Para él los riesgos de tratar con EMDR a una mujer embarazada son los mismos que los de tratar a cualquier otro adulto, siendo conveniente detectar factores de riesgo tales como un trastorno disociativo grave. Para Leed, no hay riesgos identificados, ni definidos que impidan tratar con EMDR ni a esta ni a ninguna mujer embarazada en general, por tanto en ausencia de factores de riesgos le parece mal prolongar el sufrimiento simplemente porque esté embarazada. Además de esto, en el caso presentado,en caso de no recibir tratamiento, la sintomatología tendría un impacto negativo en el establecimiento del vínculo mamá-bebé, una vez nacido este, complicando el tratamiento posterior y pudiendo afectar potencialmente al recién nacido. En definitiva, Leeds sí ofrecería EMDR en este caso, si no hay historial de inestabilidad en el embarazo, ya que en su opinión los beneficios superan los riesgos generales. tener una experiencia positiva.

Por último, con respecto al caso que se consulta en el artículo, Stramrood ve argumentos para posponer la intervención con EMDR ya que la causa del trauma no está relacionada con el embarazo o el nacimiento, además dado el avanzado estado gestacional sostiene que los efectos adversos del estrés sobre el feto ya deben haber ocurrido, aludiendo también a las posibles consecuencias negativas sobre el embarazo. A pesar de estos argumentos, la experta valora que EMDR puede ser una opción, tanto si se trata de un trauma relacionado con el nacimiento como si no, no siendo esta una razón suficiente como para descartar la intervención durante el embarazo. Además cobra especial importancia el trauma no resuelto en el posparto ya que puede tener efectos negativos en el establecimiento del vínculo madre-bebé e interferir en el desarrollo de un apego seguro en el niño.

Estos y otros expertos recomiendan el uso de EMDR para reducir la ansiedad anticipatoria experimentada durante el embarazo. Nuestra práctica nos inclina también a apoyar estos criterios. Trabajando con seguridad y cuidado, algo que además procuramos siempre, y siempre que el embarazo sea estable, con EMDR se pueden trabajar preocupaciones sobre el parto, sobre la salud del recién nacido, sobre defectos del nacimiento, sobre el desarrollo del niño, la reacción de otros niños de la familia, sobre la adecuación del padre, sobre las propias habilidades maternales. Con EMDR podemos resolver estas inquietudes e instalar expectativas positivas.

Source: http://limbicsalud.es